Escuchar música mejora el rendimiento físico

Para muchas personas, los auriculares son una parte esencial de su indumentaria deportiva, con una importancia similar a las zapatillas o cualquier otra prenda. Se puede pensar que este factor depende del hábito, de las costumbres de cada uno, pero la realidad es que ya existen investigaciones que demuestran, con criterios científicos, que la música no solo motiva, sino que ayuda de forma directa a mejorar los resultados deportivos.

Elegir una lista de canciones especialmente adecuadas para el trabajo físico tiene beneficios notables en el rendimiento. Parece difícil de creer, pero en este texto expondremos los resultados de un estudio realizado en la Universidad de la Columbia Británica que lo corroboran.

Música y deporte, mucho más que motivación

La importancia del papel de la música en el deporte es innegable; sin embargo, lo normal es pensar que sirve para motivar a los atletas y ayudarles a concentrarse en los momentos clave. No es una capacidad desdeñable, desde luego, pero desde TiendaCulturista queremos dejar claro que la música es mucho más importante que eso.

Antes de nada, hay que identificar qué es lo que permite a las canciones tener una influencia tan directa en el cuerpo humano. No hablamos ya de la mente, lugar en el que indudablemente ejerce un influjo tremendamente beneficioso a todos los niveles, sino de cómo modifica el comportamiento del organismo. Lo que, en referencia al estado de ánimo, llamamos motivación y concentración, pasa a denominarse arrastre o inducción en términos físicos.

El fenómeno de arrastre puede definirse como la querencia natural de los cuerpos a acompasar los ritmos biológicos con los tempos y las melodías de la música que se está escuchando. Entre estos ritmos biológicos se encuentran funciones tan esenciales para el desempeño deportivo como la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea o la ventilación pulmonar.

Si se pueden modificar esos factores, significa que se puede diseñar una especie de estrategia musical específicamente ideada para mejorar las capacidades físicas y, al final, los resultados deportivos. Solo hace falta descubrir más concretamente cuáles son las características que deben reunir las canciones elegidas para lograr una mejoría notable.

La influencia física de la música

Para Matthew Stork, investigador de la Universidad de la Columbia Británica, la clave está en lo que él llama la “capacidad disociativa” de la música. Según este concepto, las canciones sirven como un elemento que atrae la atención del organismo, desviándola de focos negativos como el dolor o el agotamiento. Y es que, en muchas ocasiones, empezamos a sentir la fatiga mucho antes de lo debido por culpa de fijar todos nuestros pensamientos en ella.

Más allá de este fenómeno, Matthew Stork se propuso encontrar, con más detalle, las modificaciones físicas que la música lograba en el cuerpo humano durante un ejercicio físico intenso. Para ello, reunió a 24 sujetos y los dividió en tres grupos de trabajo. Todos realizarían el mismo entrenamiento: unos con música, otros con programas de radio hablados y otros sin ningún estímulo auditivo.

No fue ninguna sorpresa que las personas que entrenaron con música declarasen haberse sentido mucho más a gusto que el resto, pero sí lo fue el resultado de las mediciones que se realizaron durante el ejercicio. Los ritmos cardíacos de este grupo de trabajo habían sido superiores a los de los otros dos, demostrando que la influencia de la música tiene un reflejo real a nivel físico.

Por si esto fuera poco, una universidad canadiense llevó a cabo una investigación en la que se apuntaba hacia otro beneficio de la música, mucho más inesperado: entrenar escuchando música hace que, tras terminar el ejercicio, el organismo recupere con más facilidad una frecuencia cardíaca de reposo.

Elige bien las canciones

La música puede marcar la diferencia entre quedarte estancado en tus entrenamientos o iniciar el camino hacia la mejora de tus marcas personales. Unido a su poder de motivación, hace que sea un factor con una utilidad excepcional.

Una vez se ha demostrado científicamente su influencia, la tarea de cada atleta es diseñar una lista de reproducción con las canciones perfectas para la actividad física. La decisión es puramente subjetiva, aunque hay algunos consejos que pueden ayudar. El principal tiene que ver con el tempo musical, que debe rondar los 130 pulsos por minuto. Para calcularlo solo tienes que llevar el ritmo de una canción con la mano durante 15 segundos, contar los golpes que has dado y multiplicarlos por cuatro.

También puedes buscar listas de canciones con ese tempo y, entre todas las que hay —que son muchísimas—, elegir las que más te transmitan. El factor motivacional es importantísimo, así que no fijes toda tu atención en las características técnicas de la música escogida, atiende también a la influencia que tienen en tu estado de ánimo cuando las escuchas.

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